Es absolutamente cierto y constatable que en la enseñanza, pública y privada, se produce un desperdicio considerable de recursos. Sobre todo en enseñanzas no obligatorias (bachillerato, universidad, enseñanzas artísticas), que en muchos casos son aparcaniños (o aparcaadultescentes) para que al menos una parte ociosa de la sociedad haga "algo de provecho". Por cada alumno dedicado y entusiasta que saque todo el partido de su educación de forma profesional o como aficionado, hay decenas de pasotas y absentistas que andan por allí porque en algún sitio tienen que estar (como en todos los ámbitos de la sociedad, por otra parte). El profesorado lo ve y se desmotiva, claro. No sólo por lo infructuoso de su esfuerzo personal, sino porque es consciente de lo que cuesta mantener un centro de enseñanza abierto y funcional.
Así que la alternativa esta clara, que lo solucione el mercado: páguese y que duela el desperdicio. Ya lo hizo Gallardón con la justicia y fue todo un éxito, ¿no?
No mucho, la verdad.
A las clases pudientes les sigue saliendo rentable el aparcaniños (o el uso frívolo del sistema judicial), y a las no pudientes simplemente les toca renunciar a ello.
Otra más de tantas cosas que son fáciles de criticar y denostar, pero no tan fáciles solucionar.
